Ferrocarril

Mientras el transporte marítimo conectaba Latinoamérica con el resto del mundo, el ferrocarril unía el interior, con sus grandes explotaciones mineras y plantaciones, y los puertos del continente. Más allá del transporte de mercancías, la ampliación masiva de la red ferroviaria desde la segunda mitad del siglo XIX permitió a la población disfrutar de una movilidad desconocida hasta aquel momento.

El papel moneda funciona siempre también como medio de comunicación de masas para la difusión de los objetivos políticos del Estado. Y la conquista técnica de una línea ferroviaria nacional también se propagó con ayuda de los billetes. Los motivos de los billetes daban fe del éxito de los gobiernos en la modernización de las infraestructuras y la economía de los respectivos Estados. Sin embargo, este simbolismo ocultaba que la ampliación de la red ferroviaria se llevó a cabo en su mayor parte con capital extranjero para que los inversores pudieran impulsar con más eficacia la explotación de los yacimientos de materias primas centroamericanos y sudamericanos.

Perú 1879, tren de pasajeros, otro al fondo: ya hacia finales del siglo XIX, una amplia red ferroviaria atravesaba el altiplano peruano.

México 1897, ferrocarril en un vasto paisaje: la extensión del territorio mexicano y sus yacimientos de materias primas solo pudieron abrirse por ferrocarril.

Costa Rica 1901-1908, ferrocarril en una de las cinco vías ferroviarias que discurren en paralelo: la necesidad de capacidad de transporte aumenta conforme lo hace la demanda del mercado mundial.